Fui alumna del Taller de pintura de Lola Montero durante dos cursos. Me hubiera gustado mucho poder continuar, pero por motivos laborales no me fue posible.

Empecé el taller impulsada por mi interés en el arte y, aunque antes apenas había pintado ni había tenido una relación tan cercana con un pintor, Lola hizo con sus orientaciones, enseñanzas y aportaciones que fuera descubriendo como, si fuera "por arte de magia", iban apareciendo dibujos y pinturas que no creía que fuera capaz de hacer.

Fue como abrir una ventana y descubrir colores, formas y cómo con la pintura te haces de los lugares y objetos que representas.

Recuerdo las largas conversaciones que teníamos sobre arte, para mí era un disfrute, pues el arte no suele ser un tema de conversación corriente y con ella encontré a una persona con la que podía dialogar de pintura.

Para mi fue muy enriquecedor el ambiente de su estudio, cubiertas las paredes de cuadros suyos y almacenados por todo el estudio. Me encantaba ver cuándo empezaba un proyecto y su evolución. Ella tiene un trazo firme, seguro y certero, esto último es lo que más me asombraba, y hacía aparecer de pronto árboles, casas, marinas...

Creo que con su entusiasmo y su entrega su nuevo proyecto andará un largo camino lleno de " arte".

Rocío Márquez, Psicóloga